Cuando Rodrigo y Chazz crearon este blog, la idea era ir analizando el camino hacia las elecciones de este año, desde una óptica política amateur, pero también desde una visión económica no tan amateur pero sí livianita, veraniega digamos. En ese momento, enero de 2010, la sensación reinante era que, si se votaba ahí nomás, el oficialismo iba a estar en problemas. Aún con una oposición sin armarse.
Bien, desde entonces pasaron tres cosas; 1) la oposición siguió sin armarse, 2) se murió Néstor y 3) la economía recuperó su dinamismo. Lo suficiente como para pasar de una escenario de derrota K en segunda vuelta a uno de landslide victory para Cristina. Mi intención no es cuestionar los resultados de ayer ni mucho menos. Lejos de eso, me parece que quienes debemos ser criticados somos los que jugamos del otro lado. En particular, desde el punto de vista económico, tiene que estar pasando que o los defectos del modelo no son tan graves como creemos, o que somos incapaces de ponerlos en términos relevantes para la gente. Porque, no nos engañemos, ayer ganó la economía.
Yo creo que los defectos del modelo sí son graves. Es más, creo que el modelo está agotado. Y creo que este Gobierno va a tener que ajustar, o va a tener que quemar las naves (colchones) para llegar a 2015. Ya expliqué muchas veces los puntos negativos que veo en la marcha de la economía, y no vale la pena insistir. Pero también creo que a la gente no le importa el INDEC, ni que se pague deuda con reservas, ni el uso indiscriminado de los fondos de las ex AFJP. Ni siquiera la inflación, porque la ilusión monetaria persiste. Tampoco le importa que la pobreza ya no caiga, ni que las condiciones de las viviendas –indicadores de pobreza estructural- estén estancadas desde 2007. La gente siente que con la política de ingreso basta, y así lo dio a entender con su voto. Y está perfecto, porque al fin y al cabo uno vive de su bolsillo, y no de todas esas cosas que nombré antes.
En este panorama, qué podemos hacer quienes creemos que la cosa no va bien? O, al menos que podría ir mejor. Una es anunciar el desastre y esperar que nos crean. Tipo Clarín. Pero no me parece que sea el camino. Otra es acercarse a la gente. Escuché muchas críticas al estilo “maestra” con que Cristina da sus discursos. Bueno, ahí tienen, 50%. En cambio, el discurso abstracto de la Constitución, la Carta Orgánica, el INDEC y los derechos de propiedad quedó en la nada. Y no me jodan con que el 50% del país votó en contra de Cristina. Fue una paliza monumental.
En esta campaña no escuché a nadie explicar con seriedad cuáles son los costos de la inflación. Nadie creyó que fuera buena idea asociar la suba de precios con la falta de créditos hipotecarios. Parece que tampoco resultó necesario explicar por qué con la misma presión impositiva otros países financian sistemas de seguridad social notablemente mejores al nuestro, por ejemplo. Nadie explicó que el uso de reservas para el pago de deuda es inflacionario, ni que eso genera tendencia a la depreciación del peso, que acelera más la inflación. Parece que eso era muy obvio, o demasiado elevado para el votante argentino.
A nadie le pareció importante recordar que la AUH te permite vivir mejor hoy, pero no te saca de la pobreza. Ni nadie se preguntó por qué se insiste con políticas de ingreso, ahora que la pobreza no estructural fue virtualmente eliminada, en lugar de pasar a combatir el core de la inflación con políticas habitacionales, sanitarias y educativas. Nadie consideró que el hecho de que tantos años de crecimiento no hayan bastado para perforar el piso del 7% de desempleo merezca una reflexión siquiera.
Tampoco nadie le explicó a los millones de trabajadores en negro de nuestro país cómo están poniendo en peligro su futuro y el de su familia, ni le prometió hace algo para cambiar eso.
No hubiera sido menor el caudal de votos a Cristina si, por ejemplo, se hubiera explicado con seriedad que la verdadera razón de la estatización de los fondos de las AFJP fue reducir el pago de deuda y generar de manera espontánea el fondo anticíclico que el Gobierno se negó a crear en todos los años previos? Si a esa explicación se le sumara el recordatorio de que el sistema de reparto es inviable en el largo plazo tal como lo concibió este Gobierno, quedaría claro que lo último que se buscó fue proteger “la plata de los abuelos”. Más bien todo lo contrario; no hubiera estado de más recordar el crecimiento de títulos públicos en la cartera de ANSES (nunca serán cobrados) y que el crecimiento de los recursos apenas superó a la inflación.
En fin, la oposición falló en muchas cosas. Pero especialmente en entender los puntos débiles del modelo económico y transmitírselos a la gente de una manera concreta. La oposición fue incapaz de reconocer los aciertos del kircherismo y de decirle con claridad a los votantes argentinos que sabe cómo mejorar los logros obtenidos.
Es una pena, porque en la oposición, como en el kirchnerismo, hay gente capaz. Pero la oposición se quedó en enero de 2010, y la vida siguió. Y la gente no tiene por qué votar a quien ni siquiera sabe transmitirle un mensaje.
PD: Hasta el sábado apostaba por una segunda vuelta. Considérese este posteo no sólo una crítica, sino también una autocrítica. Si lo prefiere, yo también la tengo recontra adentro.