Claro que hay un problema con ese plan, y es el costo. Estudiar en UK es particularmente complicado por el tipo de cambio (la libra esterlina está 6,17) y porque sus universidades casi no dan beca, así que hay que conseguir la plata de otro lado. Eso me hizo pensar; siempre fue tan difícil irse a estudiar afuera, o es un fenómeno pos Convertibilidad? Comparemos el costo relativo de estudiar afuera en 2000 y 2009 para un joven argentino como yo. Tomo como referencia Estados Unidos y UK, que son los dos mejores lugares para estudiar Economía.
Tomo como referencia solamente el primer año del PhD, porque se sabe que si se pasa al segundo generalmente ya es con beca, así que el problema financiero queda resuelto. Bueno, una de las patas de la cuenta es el arancel + costo de vida. En Stanford, el primer año cuesta US$ 78.511 según la página de la universidad, y en LSE cuesta unas GBP 32.316.
Por el lado del tipo de cambio, en 2000 un dólar nos costaba un peso (que tiempos aquellos) y una libra esterlina nos costaba $1,5. Es decir que en pesos, el costo de Stanford era de $78.511 y el de LSE de $48.797. Hoy, el costo de Stanford en pesos es de $305.408 y el de LSE de $199.390. Tomo estas dos universidades por tomar una buena universidad de cada país.
La tercera pata del costo es el salario. No hay tal cosa como una serie de salarios de economistas, así que tomo como aproximación el salario promedio de Servicios del SIJP. Uso el SIJP porque típicamente los economistas trabajamos en el sector formal. En 2000, el salario promedio en Servicios fue de $940. En 2009, de $3.134.
Con eso, podemos calcular la cantidad de salarios necesarios para bancarse uno mismo el primer año de doctorado en estas dos universidades. Da el siguiente cuadro.

Es decir, en la actualidad se necesita algo más de un año adicional de salarios encanutados para poder pagarse el primer año de doctorado con respecto a 2000. Esto no hace más que reflejar otro de los costos de la política de devaluación salvaje del peso argentino; el desincentivo a la inversión en capital humano. La devaluación nominal no sólo no tiene efectos sobre el desempeño externo en el largo plazo, sino que además tiende a reducir la acumulación de capital humano, por el encarecimiento relativo de la educación de calidad, que se dicta en países con moneda fuerte y estable.
Dicho esto, es evidente que en los ’90 también era muy difícil autofinanciarse en un doctorado. Por eso, estaría bueno que el Estado argentino invirtiera un poco en enviar a sus estudiantes prometedores afuera. De otra manera, la formación de los profesionales argentinos pasa a depender de la decisión de algún NN del resto del mundo.